La historia ilustra la expresión popular ¨del susto, se me salió el alma del cuerpo¨.

Espiritualmente, se cree que en momentos de emociones muy fuertes, más allá de lo que el niño, adolescente o adulto pueda manejar, una parte del alma se separa del cuerpo para encontrar equilibrio. Esto puede suceder, por ejemplo, en el momento en que un niño se pierde en un centro comercial, o durante una crisis familiar, por un duelo, o por un abuso. Las circunstancias pueden variar; es la sensación de inseguridad la que dispara esta condición. Una vez vivida la experiencia, el individuo tiende a repetir en su mente patrones propios de dicho momento.

Esta actitud disociativa, psicológicamente consiste en el distanciamiento de la realidad. Para el psicoanálisis, la disociación es un mecanismo de defensa que consiste en justificar el olvido. Literalmente, se deja una parte de sí relegada, en ese instante. Solo la verdad, nos hará libres.

El cuento narra un proceso de terapia emocional, en la que niños y adultos han tenido la oportunidad de rescatarse a sí mismos.

Todos hemos tenido momentos de emociones fuertes, en los que posiblemente hemos dejado una parte de nosotros mismos. Debemos rescatarnos. Solo podremos acceder a esos recuerdos si lo hacemos sin juicios, dentro de una burbuja de amor, empatía y comprensión; pues en verdad es un rescate. Al permitir que la luz de las emociones, de los recuerdos y de las creencias, regrese a la conciencia, la oscuridad se desvanece porque volvemos a casa.